Lavinia es impulsiva, comete errores de cálculo y no sabe muy bien cómo amar. Quiere ser una buena madre para su hijo Dani, de catorce años: su casa se convertirá en un palacio y vivirán bajo cielos más azules. A medida que pasan las cuatro estaciones, los dos se ven envueltos en un tira y afloja, bajo la presencia silenciosa y vigilante del río.