Programa:
Disciplina (Affonso Uchoa, Brasil, 2026, 45’)
Un instituto de un barrio periférico, en la ciudad de Contagem, aunque podría ser el de otras muchas ciudades de Brasil. Los alumnos se retan en el patio de recreo al juego de las verdades, con el que acaban narrando sus dificultades cotidianas y la dureza de su entorno. Poco después, el enfrentamiento en medio de una clase entre una profesora y un estudiante díscolo propulsará la película hacia nuevos horizontes de complejidad. Convirtiendo el espacio del instituto en un escenario –en la acepción más literal y teatral del término– de confrontación, encuentro y desencuentro, Disciplina crea una metonimia de la sociedad brasileña actual partiendo del microcosmos de una institución educativa pública. Como en sus anteriores obras, entre ellas Siete años en mayo (2019) –ganadora del Premio a la Mejor Película en FILMADRID 2019–, Affonso Uchoa vuelve a mostrar la realidad de las clases más desfavorecidas de su país, pero trascendiendo con mucho las convenciones del documental o del filme de denuncia social. A través de dispositivos en los que el discurso oral de los protagonistas ocupa el centro del relato, y mediante un enfoque poético que permite alejarse de fáciles soluciones descriptivas u observacionales, Uchoa restituye un cine político capaz de cuestionar nuestros modos de mirar y representar realidades incómodas, así como de dar nueva forma a cuestiones universales. Aquí, el rol de la educación en una sociedad quebrada, y la esperanza en un futuro digno. (Gabriel Doménech González)
Second Skin (Mariia Lapidus, EE UU-México, 2025, 63')
Hace dos años, la cinefilia asistía tan sorprendida como espeluznada al reestreno de Not a Pretty Picture (Martha Coolidge, 1976), un documental performativo en el que su realizadora había recreado la agresión sexual que sufrió de adolescente. La película desenterraba una realidad de la que se hablaba tan poco que fue recibida sin apenas eco en su época. Si ahora parece el momento propicio para que el cine y su público aborden la cuestión de la violencia sexual sin paños calientes, un filme como Second Skin es la prueba irrefutable de ello. El primer largometraje de Mariia Lapidus recoge diferentes testimonios de mujeres rusas que han sufrido agresiones; entre ellos, en un terrorífico giro, también el de las creadoras de la película. Las duras experiencias son recreadas en un espacio aséptico, a través de la alusión y el giro performativo. Gestos, narraciones, vestidos y conversaciones son los mínimos elementos que componen una serie de intervenciones que, si por un lado hielan la sangre, por el otro muestran la red de escucha, discusión y solidaridad que se establece entre Lapidus, sus colaboradoras y las mujeres anónimas detrás de cada secuencia, de cada historia. Second Skin, como el film de Martha Coolidge o Sans frapper (Alexe Poukine, 2019), constituye un potente eslabón en una tendencia, cada vez más relevante, que hace del testimonio y de un sabio equilibrio entre denuncia y distanciamiento sus potentes señas de identidad. (Gabriel Doménech González)