A lo largo de su filmografía, Ross McElwee ha explorado diversos aspectos de la sociedad estadounidense a través de su conexión biográfica con ellos. En Remake realiza el camino contrario: el cineasta descubre cómo la compulsión de filmar ha afectado a su vida (y a la de los que le rodean). La muerte de su hijo, protagonista de muchas de sus obras, introduce una dimensión elegíaca que tensiona aún más la película: filmar ya no garantiza la preservación, sino que expone la fragilidad de la experiencia que se intenta retener. (Irene Castro)