¿Es posible añorar un tiempo pasado que no es propio? ¿Anhelar un futuro que otres imaginan para sí? Aunque Drinking and Driving surge de un lugar muy personal, y sucede en un lugar y tiempo específicos, Avalon Fast y Jillian Frank apelan a una universalidad: la de toda una generación que, frente a un presente nefasto, mira hacia el pasado como única vía para recuperar un futuro supuestamente perdido (y convertirlo en muchos más). La simultaneidad de temporalidades es encapsulada en la estasis del verano: la nostalgia de tiempos pasados aflora en unos personajes que se sienten estancados y, al mismo tiempo, no pueden dejar de estar en movimiento. Las imágenes pobres que defiende Hito Steyerl encuentran un lugar en la estética de un digital de antaño (la película está grabada en su totalidad en cámara de vídeo) que evoca la neblina cotidiana de la juventud, donde momentos de intimidad se funden con la aparente diversión sin fin. Una confusión de relatos, rostros y cuerpos, a los que la cámara se aproxima como un todo, haciéndonos partícipes de un paraíso que parece tan lejano como alcanzable. El lugar donde tomarnos la última, juntes, antes de que todo desaparezca. (Daniela Urzola)