Toda práctica fílmica encierra una teoría en potencia. Desde los albores del nuevo arte, han sido numerosas las figuras que se han desplazado entre las dos orillas del pensamiento cinematográfico: la imagen y su escritura. Así pues, el catálogo de autores a caballo entre la pantalla y el escritorio es inconmensurable: Germaine Dulac, Sergéi Eisenstein, Luis Buñuel, Maya Deren, Pier Paolo Pasolini, Raúl Ruiz, etc. La imagen enciende la escritura, prende la llama de la teoría. La escritura condiciona y catapulta la imagen, llegando incluso a modificarla. Este ciclo reúne la obra de distintos cineastas que, a lo largo de su corpus fílmico y desde distintas geografías, aunaron estas dos categorías a través de experiencias heterogéneas.
En Contactos (1970) de Paulino Viota, escrita junto a Javier Vega y Santos Zunzunegui, asistimos a la confluencia de distintas corrientes teóricas en el seno del cine experimental nacional. La obra, contaminada por la fiebre cahierista, se erige como una representación radical de las líneas de pensamiento que buscaron soldar formalismo y política durante la década de los setenta.
Otro modelo de simbiosis entre teoría y praxis fue el que condujo a los cineastas japoneses Masao Adachi y Koji Wakamatsu al Líbano para filmar Red Army/PFLP: Declaration of World War (1971), un noticiario revolucionario sobre las guerrillas árabes y la resistencia palestina. Un año más tarde (en agosto de 1972), Adachi publicaría un texto para justificar el paso de su “teoría del paisaje” a la “teoría del activismo”.
Continuando la genealogía de la deconstrucción a lo largo de los setenta, encontramos los trabajos de Laura Mulvey y Peter Wollen. Riddles of the Sphinx (1977) desplaza a las imágenes las revolucionarias investigaciones presentadas por la autora británica en Visual Pleasure and Narrative Cinema (1975). Amparándose en las herramientas teóricas proporcionadas por el feminismo y el psicoanálisis, la película lleva a cabo un estudio pormenorizado de la mujer en la sociedad contemporánea.
Al igual que ocurre con los nombres ya mencionados, la separación en compartimentos estanco de lo escrito y lo filmado por Jean-Claude Biette nos daría una imagen incompleta de su obra. Sus numerosas publicaciones condicionaron incesantemente la práctica cinematográfica del «satélite diagonale» de los Cahiers du cinéma y futuro fundador, junto a Serge Daney, de la revista Trafic. Tanto la película como el papel eran para el autor francés laboratorio. Loin de Manhattan (1982) se erige como una de las grandes cimas de la visión biettiana, desde la cual trataremos de vislumbrar el gobierno de sus filmes.
Desplazándonos al siglo XXI, la obra de Trinh T. Minh-ha se mueve entre el documental, la escritura sobre cine, la crítica literaria y la composición musical. Esa confluencia de saberes desemboca en trabajos tan híbridos como Forgetting Vietnam (2016), contraplano de su trabajo anterior Surname Viet Given Name Nam (1989), un crisol de memorias, paisajes e individuos en torno al país natal de la directora.
> Francisco Javier Fernández Pérez, comisario del ciclo.