Conforme la edición de 2025 llegaba a su fin, un conjunto de imágenes comenzó a dominar la atención pública. Unas escenas perturbadoras suscitaron una nueva reflexión sobre los límites entre la fotografía, el periodismo, las imágenes de violencia y el papel de ser testigos de los acontecimientos mientras se desarrollan. En ese momento, nos quedó claro que el tema de este año solo podía ser reflexionar sobre la imagen en sí misma.
La imagen como construcción: una creación humana diseñada para provocar emoción o respuesta, pero también como representación de estructuras sociales, supuestos y valores que con frecuencia se transmiten de forma sutil, más allá de nuestra percepción consciente. Pronto surgieron nuevas capas: conflictos y eventos públicos de gran cobertura mediática se desarrollaron junto a batallas paralelas de narrativas e interpretaciones. Al mismo tiempo, las imágenes generadas por inteligencia artificial y los deepfakes se fueron integrando cada vez más en la circulación mediática cotidiana, normalizándose hasta el punto de que el material manipulado de figuras públicas se consume sin apenas distinguir entre lo editado y lo auténtico.
Hoy, el viejo dicho de que una imagen vale más que mil palabras ha perdido su significado. Por ello, queremos reflexionar sobre la imagen. No desde una postura pesimista, sino desde una más humanista: una que sitúa la creación artística, y el cine en particular, en una posición crucial para aportar nuevas realidades en medio de esta sobresaturación de imágenes. Queremos reflexionar sobre qué valor conserva aún la creación de nuevas imágenes en un momento de saturación y exceso visual, pero también sobre cómo la creación de nuevas utopías podría ayudarnos a construir un futuro mejor, uno que no esté dominado por la desesperanza.