La huelga general de septiembre de 2010 se cruza en Barcelona con La estética de la resistencia, de Peter Weiss. Las discusiones de esa noche se verán confrontadas más adelante con su puesta en tela de juicio por los protagonistas del film: cinco amigos anónimos que no son ya ni adolescentes ni militantes comunistas y que sin embargo intentan igualmente sobreponerse al estado de las cosas, como en su momento los protagonistas de la novela de Weiss.
“La revolución es un juego al que uno se entrega por el placer que entraña. Su dinámica es la de la furia subjetiva de vivir, no la del altruismo”.
Casi medio siglo después, pocas cosas parecen tan lejanas en el tiempo como la Internacional Situacionista y su idea de deconstruir la izquierda. Sin embargo, el actual naufragio europeo expone más que nunca la necesidad de nuevos modos de resistencia frente a las estrategias del mal y su atroz avance. En su ópera prima, Ramiro Ledo afronta esa idea de re-enunciar a través de la única vía posible: la autocrítica. Primera parte: una asamblea tras la ocupación del Banco Español de Crédito en Barcelona, las imágenes no existen, sólo sombras y destellos que, sumados a la acumulación de slogans y tomas de palabra, tienen el efecto de un acta de defunción. Segunda parte: una sobremesa, los comensales exponen sus miedos y dudas en torno a los indignados, los piquetes, la resistencia, la acción directa... Ambas partes, opuestas e indivisibles, conforman probablemente una de las películas más incómodas y difíciles del reciente cine español, no es un film simpático ni aleccionador, es una obra implacable y honesta, propia para tiempos feroces".
Fran Gayo, catálogo del 15 BAFICI (2013)